HABLALO CON TU ANALISTA
Lic. Omar Fantini
Psicólogo
M.N. 14322
En estas notas extractadas de consultas que recibo y que tratan sobre el malestar que producen ciertas conductas, hago señalamientos en los que intento aproximarme a los contenidos inconscientes que podrían motivarlas. Espero que los casos que presento, a los que se irán sumando otros, te resulten estimulantes y puedas observar los contrastes entre lo manifiesto y lo latente de nuestra vida psíquica.
EL CASO MATEO
Mateo está en pareja con su primera novia desde hace unos cuantos años; juntos, durante ese tiempo, progresan en todo sentido: hasta construyen la casa que ahora comparten, que muestra la impronta de ambos y que, previsiblemente, posee comodidades para albergar futuros hijos, lo que habla a las claras de cuáles son sus planos. En el interín, y por decisión propia, Mateo abandona los estudios para dedicarse a trabajar, y le va muy bien; mientras que ella sigue adelante con su carrera y el resto de sus actividades. Ya falta poco para que se reciba y cuando eso ocurra, piensan casarse con todas las de la ley. El asunto es que él se siente muy mal y no sabe por qué, puesto que la vida transcurre sin ningún contratiempo. En el momento menos pensado lo abordan la angustia y una especie de sinsentido que así como vienen se van, pero que se hacen presentes todos los días y lo perturban. Es verdad que ella últimamente dedica mucha atención a sus estudios, como si no existiera otra cosa, pero hay que considerar, y él lo entiende así, que se trata de los últimos exámenes antes de obtener el título y que tal grado de compenetración es razonable. No obstante, en ocasiones, muy prudentemente, Mateo saca a relucir lo que siente, a ver qué opina ella. Pero tiene la impresión de que lo escucha por compromiso, con impaciencia y como si la importunara; asume entonces que está pasando por un momento especial y se calla la boca.
MIS SEÑALAMIENTOS
La energía de tu pareja en pro del logro de sus objetivos es un rasgo muy valioso de su carácter. Contando con tu apoyo, y a pura voluntad, construyó un mundo propio, aparte del que tiene con vos, un mundo basado en motivaciones personales. Cuando uno es así, estimula al otro a que también lo sea, busca su complicidad, el estar de igual a igual en materia de libertad para conservar las individualidades, lo cual es saludable: juntos, pero cada uno en lo suyo. Sin embargo resulta que vos sos más apegado a la pareja y tu realización personal pasa por compartirlo todo; y ella en cambio, es capaz de diversificar sus intereses. Esta diferencia, para ser superada, necesitó de una solución de compromiso: identificarte con su forma de pensar, cosa que no te habrá costado nada mientras te sentías “en posesión de ella” y probablemente hasta tomabas a la ligera sus inquietudes. Pero bastó el paso del tiempo para que tu percepción fuera cambiando hasta llegar al momento actual: ella está por recibirse y vos estás en un conflicto, ya que por un lado no te sentís con derecho a reprocharle nada y por otro… le reprocharías todo, empezando por la “deslealtad” al proyecto común de una familia, cuya prioridad se ve amenazada por su inminente status profesional ¿o acaso el título no podría alterar lo acordado?. Ahora bien, tu malestar es el efecto de este conflicto, que demanda que te pronuncies, que hables de tu miedo a la pérdida, de cómo un sentimiento de minusvalía fue ganándote con cada logro de ella, de las inseguridades que te asaltan respecto al porvenir de la pareja; en fin, que hables, aunque te cueste, de todo aquello que revelaría que, de un modo inconsciente, nunca la apoyaste desinteresadamente…
EL CASO MILENA
Milena es permisiva con él, tanto que a veces sus amigas se lo reprochan, porque las hace quedar como déspotas frente a sus propias parejas. Es que Milena lo comprende y se llevan muy bien; nunca discuten, lo comparten todo y hace años que están juntos, cómo no habría de ser permisiva frente a estas evidencias contundentes de que vale la pena serlo: los resultados están a la vista. Pero no es cierto que no sepa poner límites; lo que pasa es que la mayoría de las veces opta por hacer la vista gorda, por entender que los motivos no son lo suficientemente serios: una llegada tarde de vez en cuando, la salida semanal con amigos de toda la vida, una que otra contradicción… qué significan estas cosas en comparación con todo lo que recibe estando con él. Tampoco se trata de tener tanto amor propio como para poner en riesgo una cantidad de años en pareja que más de una mujer quisiera computar para sí, incluidas varias de sus amigas, justamente aquellas que más la critican. Y esto sí le duele, porque ellas piensan que se hace la tonta para pasarla bien, al extremo de no importarle ya aceptar situaciones que bordean la humillación, cuando en verdad ni se hace la tonta ni se humilla; sólo aplica la fórmula adecuada para mantener a su lado al hombre que quiere.
MIS SEÑALAMIENTOS
Estas dinámicas vinculares y otras por el estilo, dentro de las cuales incluyo la que vos presentás, derivan de matrices infantiles basadas en la figura del padre, y son como rastros de vivencias asociadas con él, que están siempre vigentes, que actúan como condicionantes a la hora de formar una pareja y que son intransferibles, o sea, propias de cada mujer. En otras palabras, del padre introyectado, del padre que toda mujer tiene internalizado, como dentro de sí, provienen mandatos que se actualizan en los aquí y ahora afectivos de cada una y que determinan las modalidades personales de concebir las relaciones amorosas. En tu caso si hubiera una palabra adecuada para designar ese mandato, la palabra sería “asimetría”: el varón está un escalón más arriba que la mujer, por lo tanto se hace acreedor de beneficios extra, producto de su condición sexual. A cambio, vos también obtenés ventajas; si no fuera así… el juego que jugás con él no podría ser posible. Y ¿en qué consiste el juego?. Consiste en que vos, cumpliendo el papel de mujer permisiva, lo habilites a que reafirme su virilidad, a que se porte “como un hombre” y, de paso, actúe por vos todo lo que no te autorizás a actuar por tu cuenta en lo concerniente a tus deseos y a tus fantasías, porque como vimos, en tu concepción psicológica de los sexos la preeminencia es lo masculino y el goce está de ese lado. Y ¿cuáles son las ventajas que obtenés? Las derivadas del sentimiento omnipotente de que él es tuyo y de nadie más, en el sentido que lo dejás hacer sabiendo que vuelve a vos. Así que si tus amigas piensan que con sus críticas van a lograr que abras los ojos, simplemente se equivocan; ya los tenés bien abiertos…
EL CASO DARÍO
Darío es muy estricto y puntilloso. Sus escrúpulos, claramente expuestos en sus opiniones y actitudes, son muchos y variados: van desde las instituciones, cuyos principios ve amenazados por una especie de reblandecimiento de la autoridad y, consecuentemente, del respeto por los protocolos, hasta lo que hoy por hoy, de un modo general, se considera progreso y que en lo que a él concierne, no lo es en absoluto porque no va de la mano de una ética o de una moral. Hombre básicamente inactual, controla que su pareja se mantenga dentro de los límites “naturales”, o sea, un tanto por debajo de él, lo que sirve para que los demás sepan quien manda. Y es que Darío se siente con derecho a este y otros privilegios por ser el profesional exitoso de quien depende financieramente la pareja, algo que no hace explícito pero que se encarga de que quede sobreentendido para evitar confusiones al respecto. Todo lo que difiera de su pensamiento, todo lo que exceda su marco de comprensión, es por lo menos dudoso; y siempre tiene algo que criticar, aún sobre lo más ampliamente aceptado por el resto: todos son un poco retrógrados menos él. Disentir con sus opiniones, aunque se tenga la razón, implica un desgaste enorme que ya casi nadie quiere afrontar, ni siquiera su pareja, que aprendió a darle el gusto diciéndole que sí, sólo para eludir discusiones y evitar amarguras.
MIS SEÑALAMIENTOS
Un carácter como el tuyo se construye sobre la base de la renuncia. Y para eso hace falta una rutina, padres controladores que la diseñen y te la hagan cumplir, y también, puesto que de lo que se trata es de que dejes de lado tu deseo, una buena estrategia. El problema es que si la cosa funciona, el deseo que se cumple es el de tus padres, que solo ven en vos una prolongación narcisista de sí mismos y no una persona, así que son ellos los que salen ganando a expensas tuyas. Esto significa que aunque hoy, previsiblemente, asumas como propios los principios rectores de tu comportamiento, en verdad no son sino el resultado de imposiciones originadas en la crianza contrapermisiva que recibiste, en la que el NO ocupa el lugar más destacado: NO a los caramelos, porque dañan los dientes; NO al descuido de tus juguetes, porque se pueden romper; NO a las notas bajas, porque no hay razón que las justifique; NO al desorden, porque cada cosa tiene su lugar; NO porque NO… Hay entonces, inscripto en vos, todo un reglamento biográfico cuya observación te fue asignada y al que debes ajustar los actos de tu vida. Y si no, sentirte culpable por defraudar a tus padres, que al fin y al cabo son los artífices del hombre exitoso que sos y a quienes les debes tu realización ‘‘personal’’. En cuanto a los demás, cuanto te califican de intratable, simplemente tienen razón. Nadie cuya naturaleza y forma de ser hayan sido condicionadas por medio de constantes restricciones, puede aspirar a caer simpático. Pero tus aires de superioridad, visibles en la postura que adoptas frente a la vida, deben entenderse al revés, es decir como signos del menoscabo oculto en tu interior, que es el remanente de tanta frustración y resentimiento acumulado. Son estos sentimientos los que haces recaer sobre los que te rodean, bajo la forma de la subestimación y el desvalor. Y es que el chico que fuiste y que reprimieron se las agarra con el mundo…
EL CASO DEBORAH
Lo único que quiere Deborah es una pareja estable. Ya tuvo varias, pero ninguna como la que necesita. Le gustan los hombres y tiene bastante éxito con ellos; sin embargo, se siente algo cansada de probar suerte para luego terminar sola como siempre. Las veces que creyó estar cerca de lograrlo, que fueron pocas, todo resultó al revés y le costó recuperarse y volver a tener ganas de empezar de nuevo. Por momentos, pierde las esperanzas e imagina un porvenir sin pareja y sin hijos, y no le parece del todo mal, pero esto no dura mucho. Tuvo parejas más grandes que ella, hombres separados, algunos con hijos, su presunción era que la entenderían más que los de su edad. Pronto descubrió que estaba equivocada. Casi todas sus amistades están en pareja, y las que no, están bien encaminadas. Así que paulatinamente se va acentuando una especie de retraso en relación a la tendencia general de su grupo de pares y, en consecuencia, una sensación frustrante y de creciente aislamiento, a la que se le suma el paso del tiempo. Deborah, no obstante, lejos de melancolizarse, no pierde el interés por mantenerse activa y responde concretamente a otras inquietudes suyas, desde tomar un curso hasta planear un viaje; y bromea consigo misma diciendo que es la clase de cosas que hacen las mujeres a falta de un hombre.
MIS SEÑALAMIENTOS
La precarización progresiva de las relaciones y su culminación en ruptura admite múltiples causas. Pero cuando son muchos los intentos infructuosos de armar una pareja, es necesario considerar que hay algo que desde el principio condiciona negativamente la posibilidad de lograr ese objetivo y que tiene que ver con nosotros mismos. Me refiero a patrones de comportamiento repetitivos que se nos imponen inconscientemente y echan a perder las oportunidades que se nos presentan, y que nuestro yo, reaccionando de manera defensiva, enmascara bajo la forma de explicaciones por las cuales terminamos atribuyendo el fracaso a factores externos. Conseguimos así aliviarnos de la angustia, lo que no es poco, pero hasta ahí llegamos… lo demás, lo que corresponde a la dinámica que impulsa la repetición y el resultado adverso de siempre, es propio del inconsciente y debe ser explicado por el analista. Veamos: ciertas vivencias biográficas del pasado son mantenidas por nuestro psiquismo tras una barrera, lejos de la consciencia. Pero bastaría que en el presente se reprodujeran algunas de las condiciones básicas que en su momento las originaron, para que lleguen a ella e influyan en nuestro comportamiento, que a partir de entonces desviará su propósito inicial y lo reemplazará por el que traen inscripto esas vivencias. En tu caso, se trata de vivencias relaciones con el querer y el ser querida; y esto lo sabemos porque aparecen justo ante la posibilidad de que tengas pareja, es decir, se presentan frente a la perspectiva del amor. Y lo que traen inscripto es que el amor es algo doloroso, y por lo tanto es mejor perderlo que encontrarlo. Esto significa que entre vos y el amor hay una experiencia de desengaño y decepción que ocupa el centro de tu esfera afectiva, razón por la cual al mismo tiempo que deseás que la relación se construya y perdure, entrás en la contradicción de temer una ruptura, lo que desestabiliza el curso normal del vínculo con los resultados que ya conocemos.
EL CASO BRUNO
Bruno tiene una opinión devaluada de sí mismo; primero y principal porque su físico más bien menudo, contrario al modelo impuesto, es una carta de presentación floja que como mínimo debiera compensarse con un discurso florido, una actitud decidida, encanto, seducción… dones que tampoco posee y que cuando finge poseer es para peor. Esto lo deprime, porque en su opinión no hay una sola situación relacionada con el éxito personal que no demande dichos dones, se trate de trabajo o de amor. Desde luego, Bruno trabaja y también se ocupa activamente de buscarse una compañera; pero transversalizado por su sentimiento de inferioridad, todo lo inseguriza, todo le da miedo. Por ejemplo, tiene amigos con los que comparte salidas para encontrarse con chicas y eventualmente, pese a estar desinstrumentado como piensa, logra acordar citas que más de una vez se renuevan y le hacen prever que algo bueno podría pasar; pero entonces, invariablemente, se pone cargoso y obsesivo y echa todo a perder. Y lo mismo con ciertas oportunidades laborales que nunca lo encuentran disponible y que simplemente se le escurren de las manos. Su respuesta a estas y otras cosas por el estilo, consiste en reforzar el lazo con su familia, participándola de sus desdichas y esperando en devolución esas palabras de aliento que siempre llegan y tanto lo estimulan a seguir adelante.
MIS SEÑALAMIENTOS
Imaginate un chico afiebrado; la madre le hace guardar cama y, por supuesto, faltar a la escuela. Además, por si fuera poco, lo trata con especial cuidado y, de este modo, no sólo logra atenuar los efectos del malestar, sino también poner en evidencia cuánto lo quiere. Bajo estas circunstancias, ¿cómo no disfrutaría el chico de las ventajas de estar afiebrado? Hasta aquí, se trata de una situación perfectamente normal, que la psicología llama beneficio secundario de la enfermedad. Pero existe una versión nociva: en determinadas familias, organizadas según un diseño de fuerte interdependencia entre sus miembros, se comprueba el hecho de que se designa enfermo a uno de ellos y se lo mantiene en ese lugar a fuerza de tratarlo como tal; y esto por el prejuicio extendido, que en el fondo es una necesidad del grupo, de que presenta, digamos, algún déficit de personalidad por el cual hay que ponerlo urgentemente a salvo de la hostilidad del mundo, ya que de lo contrario el costo vivencial sería excesivo y lo perjudicaría. Mediante este procedimiento, basado en complicidades inconcientes que adquieren la fuerza de un pacto, el grupo familiar queda automáticamente situado del lado correspondiente a la salud, mientras el designado enfermo, depositario de los miedos de todos, pasa a ser el “pobrecito”. Y bien, ése sos vos; así que allí donde parece que te dan una mano, es decir, en tu familia, efectivamente te la dan, pero es una mano que presiona hacia abajo, para mantenerte en el lugar en que debés estar y que conviene al resto. Como ves, la opinión devaluada que tenés de vos mismo fue forjada a medida de los imperativos inconscientes de tu grupo familiar; y puedo asegurarte que cuando dejés vacante el lugar que te fue impuesto, vas a verificar cómo otro es designado y entra en tu reemplazo. Es que en familias como la tuya, es muy difícil que cada cual asuma lo que debe y sea quién es.
EL CASO AGUSTINA
Hace poco que Agustina es madre y desde entonces la relación con su marido cambió mucho; pero según su parecer, las diferencias con él vienen de antes, y la llegada del primer hijo simplemente las acentúan. No se siente acompañada en su nuevo rol, todo lo contrario; y está tan desbordada que hasta las actividades de él, incluido el trabajo, se le presentan como excusas egoístas para ausentarse de la casa y librarse de la responsabilidad de ser padre; ni hablar de las salidas recreativas de una vez de la semana para jugar al fútbol con amigos. Nada de esto sería posible sin su dedicación total al cuidado del recién nacido y sin embargo, nunca se reconoce el mérito de sus esfuerzos. En definitiva, siempre es lo mismo desde que son pareja, no hay nada nuevo: el sostenimiento de la relación depende de ella, de la postergación de sí misma en favor de las cosas de él, quien por su parte, ante la menor insinuación de estos asuntos, reacciona indefectiblemente de igual manera, o sea, tomándolos como parte de un repertorio de quejas que conoce muy bien y que sólo sirve para crear problemas donde no los hay. Así que tampoco puede pronunciarse con libertad sin que se la tilde de conflictiva e insatisfecha y consecuentemente se sienta mal.
MIS SEÑALAMIENTOS
Decir una cosa por otra significa vulgarmente que hay algo que, para poder ser expresado, necesita cambiar de rumbo y de contenido. Por ejemplo, de una mañana lluviosa se dice “qué día más feo”; pero en verdad, lo único feo es tener que ir a la oficina, sólo que esto no debe ser dicho, no sea que se piense que no nos gusta trabajar. Vemos cómo la atinencia a las convenciones determina en gran medida nuestros prejuicios y de qué manera nos obligan a enmascarar nuestros verdaderos sentimientos. Pero hago este prolegómeno para señalarte que, independientemente de la conducta de tu marido, la cual podría estar necesitando, no lo discuto, un ajuste en relación a su función de padre, aquí el punto principal pasa por el nacimiento de tu hijo y las consecuencias sobre vos, como ser la pérdida del tiempo que dedicabas a otras cosas; la fatiga acumulada por estar a “libre demanda”; lo poco atractiva que te sentís hoy; la imposibilidad de dormir tres horas seguidas… Creo, por lo tanto, que las culpas que le atribuís a tu marido provienen de la ambivalencia que te genera tu hijo por haberte colmado de obligaciones a las que debes responder al precio de anular tus propias necesidades y a quien no podés acusar de nada, porque es inocente; pero sí, por desplazamiento, a tu pareja, que así termina siendo el responsable de las contradicciones de tus sentimientos de madre primeriza. Ahora bien, si es dificilísimo en estos casos decir la verdad y se dice una cosa por otra, es porque las convenciones son más estrictas que nunca: la llegada de un hijo trae mil alegrías, asegura la convención, así que si no sos dichosa el motivo debe ser otro, por ejemplo… tu marido.
EL CASO CRISTIAN
Cristian es un hombre atento a la pareja y muy metódico, capaz de participar en todo con gran entusiasmo, incluso en las tareas domésticas: de vuelta del trabajo, por ejemplo, cuando casi nadie tendría la voluntad suficiente, luego de la cena y mientras ella mira televisión y fuma —hábito que preferiría que abandonara—, levanta la mesa y sólo después de que todo está ordenado se sienta a su lado para retomar una conversación, mencionar el encuentro con alguien y cosas por el estilo, hasta el momento de ir a la cama. En el curso del día, se ocupa de llamarla varias veces a los efectos de saber cómo está y para decirle que la ama y la extraña; y eventualmente, si tiene tiempo, la espera sin avisarle a la salida del trabajo y vuelven juntos en el auto. Solícito amante, siempre se muestra dispuesto al encuentro sexual, y cada vez que puede presume un poco de su rendimiento, como para alentarla a ella, medio en broma, a que confiese que nunca estuvo con alguien como él. Sin embargo, en ocasiones, cuando ella se niega a tomar en cuenta sus opiniones y sus consejos y hace estrictamente lo que quiere y se muestra emancipada, siente un terrible desaliento, asociado a la idea de que podría perderla a pesar de todos sus esfuerzos, ya que éstos no son considerados en su justa medida. En esos momentos de amargura querría dejarse estar, a propósito, para ver cómo se las arregla sin él, pero nunca se anima a hacerlo.
MIS SEÑALAMIENTOS
Cristian: tu recurso frente a las inseguridades que te provoca el amor, consiste en hacer mérito, es decir, mostrarte atento, aplicado y cuidadoso con tu pareja, a fin de dejarle en claro el nivel de compromiso que asumís en beneficio de ambos y, de paso, por qué no, inhibirla de criticar tus ocurrencias, a veces irritantes, pero siempre bienintencionadas. Así es cómo conseguís pararte firme en la relación, adoptando los modos del compañero irreprochable ante quien una mujer, por muy valiosa que sea, a la larga, en comparación con tu despliegue, termina perdiendo protagonismo y sintiéndose en déficit. La mirada que te destinan los demás, por otra parte, es de plena aprobación, lo que suma puntos valiosos a tu favor… En fin, toda una maquinaria puesta en marcha para transformar eficientemente tus debilidades en conductas orientadas a ganar posiciones de poder sobre ella. Todo esto, desde luego, no cuestiona en absoluto el amor que le profesás, sólo revela bajo qué condiciones sos capaz de llevarlo adelante. Pero vamos a la dinámica psicológica: por regla general, cuantas más inseguridades despierta el amor, más se incrementan las fantasías de pérdida del objeto amado y más necesidad se tiene de retenerlo. En tu caso, los medios de retención son el control y la vigilancia, características del perfil obsesivo; pero resulta que ambos, para poder operar, deben cambiar el semblante y pasar desapercibidos, deben sublimarse, de lo contrario serían inaceptables en cualquier relación afectiva normal. Y así, el control aparece sublimado en la serie de ritos dentro de los cuales enmascarás la relación para volverla previsible, y la vigilancia, en la cantidad de asuntos en los que intervenís sin que te llamen. Es una especie de régimen extenuante el que imponés y plantea una especie de paradoja: tu entrega personal, que te pone a salvo del miedo a la pérdida, al mismo tiempo fuerza las cosas para que la pérdida se produzca.
EL CASO BRENDA
Brenda es celosa, tanto de sus amistades como de sus compañeros de trabajo e incluso de sus hermanos; pero sobre todo es celosa de su novio, vale decir que los vínculos que más le interesan se ven afectados en mayor o menor medida por las sobrerreaciones que impulsan sus celos, que a la larga son tan desgastantes y le resultan inmanejables.
Las escenas tienen un comienzo en común: no importan las circunstancias, algo sucede que la descompensa, un gesto, un comentario, lo que fuere, y se convierte inmediatamente en evidencia de que las cosas no son como las suponía, como si hasta ese momento hubiera estado medio dormida, pasando por tonta. Y entonces reacciona de mala manera. Un ejemplo muy sencillo sería la vez que el novio la presentó a sus amigos, a poco de que empezaran a salir, diciendo que era Brenda y no “Brenda, mi novia”; bastó para que estuviera con la cara larga durante todo el encuentro y también, una vez concluido el mismo, para enojarse con él y exigirle explicaciones. Con el tiempo se fueron acumulando decenas de escenas parecidas a esta, pero en ninguna, después de que lo discutido quedara en claro y revelara una vez más un error grueso de apreciación de su parte, el novio la escuchó decir “disculpame”. Brenda no pide disculpas.
También el pasado de él le causa celos, en particular una relación de la cual reconoce haber salido lastimado, que duró unos cuantos años y apuntaba a la convivencia. En ocasión de aquella charla, al principio Brenda se mostró contensiva, pero a medida que la información le iba llegando, sentía el deseo creciente de ser tan capaz de lastimarlo como la otra y que en cambio ella sí llegaría a convivir con él.
MIS SEÑALAMIENTOS
Desconfianza, inseguridad y miedo a la pérdida, no pocas veces asociado a conductas agresivas, son los sentimientos que, integrados en un todo, te abordan en el momento en que tu malestar aparece, sin perjuicio de que no existan motivos razonables, lo que revela que bajo el efecto de los celos tu subjetividad se impone a la realidad, que entonces se transforma en lo que vos querés ver, contra cualquier opinión dirigida a señalarte que estás equivocada. No digo que en esas circunstancias seas incapaz de escuchar a tu novio, digo que lo que escuchás, en el fondo, nunca termina de convencerte y que eso hace a la repetición de la escena, ya que él sigue siendo ubicado por vos en el lugar del sospechoso.
La explicación es que en los celos interviene un mecanismo de defensa llamado proyección mediante el cual se depositan, en los demás, contenidos que la conciencia rechaza como impropios por su carácter censurable y que generan demasiada tensión endopsíquica: el engaño, la deslealtad, las fantasías sexuales, la infidelidad, los impulsos destructivos, etc., cuando están demasiado cerca, mejor alejarlos lo suficiente como para que dejen de ser cosas personales, mejor atribuirlos a terceros. Y si hay un novio por ahí mejor todavía, porque las cargas se objetivan en una figura reconocible y el enemigo adquiere identidad. Quiere decir que cuando vos juzgás una conducta de él, no hacés ni más ni menos que señalar lo que no asumís de vos misma y que le proyectás. Así las cosas, Brenda, quedás limpia de culpa y cargo, del lado de los inocentes y por lo tanto sin necesidad de disculparte de nada, pero obligada ahora a controlar todo aquello del afuera que invistió la proyección y se tornó peligroso y amenazante para vos, tu novio en primer lugar. Los celos: una maniobra de defensa personal que se vuelve en contra de quien la ejecuta porque termina erosionando sus afectos.